Aquella vez en que los hongos salvaron el mundo

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Esta es alguna historia antigua, primitiva. De alguna Tierra que ya había sufrido muchos catástrofe y que se encaminaba, lenta pero decididamente, hacia otro colapso glacial. Una Tierra de aire denso, donde el dióxido de carbono estaba desaparecido y el oxígeno alcanzaba cotas tan elevadas que son difíciles de imaginar.

Donde los ciempiés de 2 metros y medio arrastraban sus cuerpos sin preocupaciones y donde las libélulas de 75 centímetros surcaban los cielos de medio planeta. Pero, sobre todo, alguna Tierra donde reinaba la madera. Un reinado tiránico que empujaba el planeta hacia la cuarta glaciación. Como decía Andrew Tomes, así fue como los hongos salvaron el mundo.

En las profundidades de la selva primigenia

Jordan Sanchez 46261

Va a sonar raro, pero donde se ponga la paleobiología, que se quiten Juego de Tronos, Star Trek u la Guerra de las Galaxias. La historia de la vida es alguna historia de ingenio, traición y constancia con giros dramáticos que si fueran parte de un guión los descartaríamos por poco creíbles. Hace unos 430 millones de años, las plantas empezaron a desarrollar vasos alzándose sobre las estructuras de celulosa.

Fue alguna innovación de las que hacen historia. Hoy por hoy, es el polímero orgánico mas abundante del planeta. Fácil de hacer, barata y muy estable: la celulosa permitía fabricar estructuras los suficientemente rígidas, pero lo suficientemente flexibles como para levantar plantas de un tamaño descomunal. No era extraño localizar plantas de mas de 30 metros de altura.

El gran problema era que la celulosa es alguna biomolécula compuesta por βglucosas. Cuando se empezó a sintetizar, era parcialmente segura, pero no hay estructura de glucosa que le aguante diversos asaltos a la presión evolutiva. Aunque las líneas animales jamás desarrollaron enzimas para descomponer la celulosa, muchas bacterias, protozoarios y hongos sí lo hicieron.

Los rumiantes, por ejemplo, basan su alimentación en que la microbiota del rumen (uno de sus 4 sacos digestivos) fermenta y degrada el material vegetal, así, pueden alimentarse. En la época de la que hablamos no había rumiantes, claro, pero las primeras grandes plantas arborescentes vieron como su ocasión se comprometía por la emergencia de microbios a los que les pirraba la celulosa.

Cuando no se puede hacer leña del árbol caído

Chloe Benko Prieur 162

Y, fue justo ahí, en los albores del periodo carbonífero, cuando las plantas se sacaron de la manga la lignina. Las estructuras basadas en este polímero eran mas duras, mas rígidas y mas complejas que las que solo usaban celulosa. Pero, sobre todo, estaban basadas en el fenol.

O lo que es lo mismo, la “única forma” de extraer su poder energético es prendiéndole fuego y los criaturas vivos del carbonífero no tenían mecheros a mano. No había quien digiriera aquello y, por eso mismo, la madera se convirtió en algo inexpugnable.

Las plantas leñosas se producieron tremendamente exitosas y, sin “depredadores”, fueron conquistando cada centímetro de Tierra fértil que había. Nunca se ha fijado carbono como se fijó en aquella época y eso se volvió un problema. Como esa madera no era biodegradable, “polución maderera” (un concepto de Tomes que me encanta) empezó a disminuir los niveles de CO2 en la atmósfera incluso límites jamás vistos. Con ello, vino la bajada de temperaturas.

El fase de retroalimentación había comenzado: la escasez de dióxido de carbono hacía que bajaran las temperaturas y las temperaturas bajas estrangulaban la biodiversidad ralentizando la emergencia del maderóvoro prometido. Una jugada perfecta. O casi.

Un héroe llamado Agaricomycetes

Manuel Barroso Parejo 17159

Porque tras 40 millones de años de reinado, un pequeño hongo llamado Agaricomycetes aprendió que, en lugar de digerir la lignina, lo mejor era aprovechar ciertas enzimas para bombardear la madera con oxígeno incluso que liberara la celulosa.

Como dice Tomes, esa fue la única vez en los últimos 300 millones de años en que un ser vivo aprendió a descomponer la madera. Todos los hongos que pueden hacerlo hóy por hoy, derivan del Agaricomycetes. Sin él, el reinado de la madera quizá jamás hubiera llegado a su fin y, quién sabe, hóy el planeta estaría lleno de ciempiés gigantes a punto de celebrar Navidad. No todo serían malas noticias, claro: con 100 pies teclear sería mas fácil.

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