“Comprar mi propio paper me cuesta 42 euros: un trabajo financiado con mi salario y fondos públicos”

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Para quien no conozca cómo funciona el sistema actual de publicaciones científicas posiblemente el siguiente tuit no signifique gran cosa.

Fue publicado por el matemático español Manuel de León, administrador y fundador del Instituto de Ciencias Matemáticas del CSIC y es un modelo de algo que no termina de funcionar en el sistema de revistas científicas.

El procedimiento de publicar un paper

Vayamos por partes. Lo primero que hay que conocer para comprender esta polémica es qué papel juegan las revistas científicas en el labor de un investigador. Es un papel importantísimo: para que alguna investigación se considere válida y sea tenida en cuenta, ha de ser notificada en alguna revista. Hay cientos de revistas científicas, pero lo deseable es que usted investigación aparezca en las mas relevantes, algo que se mide por su índice de impacto.

Es la llamada revisión por pares, el concepto que garantiza la validez de esos resultados

Cuanto mas notable sea alguna revista, mayor es la competidor para publicar en ella, obviamente. El procedimiento de publicación es el siguiente: cuando un averiguador obtiene unos resultados que considera relevantes (en muchos sucesos tras alguna investigación financiada con fondos públicos), escribe un artículo u paper y lo envía a la editorial de la revista.

Allí sus editors lo reenvían a otros científicos, elegidos por su dominio y autoridad en el tema que trate la investigación en cuestión, para que lo revisen. Es la llamada revisión por pares, el concepto que garantiza la validez de esos resultados. Ellos decretan si son sólidos u no, si requieren mas aclaraciones, mas datos, mas pruebas… Lo que sea.

Este procedimiento puede prolongarse diversos meses, inclusive que los revisores designados por la revista estén satisfechos. Es entonces cuando el artículo saldrá publicado, la investigación validada y el averiguador verá los frutos de su trabajo: la publicación de productos es un requisito para requerir puestos de labor y financiación para proyectos.

El enorme negocio de las editoriales científicas

Hasta aquí, en muchos sucesos nadie ha cobrado ni un céntimo. Muchas revistas no pagan a los fundadores de los productos que publican ni remuneran el labor de los revisores. Se da por hecho que ambas cosas forman parte de su labor y en habitual se supone que todo el planeta aporta desinteresadamente (aunque a veces no es así).

Pero alguna vez publicados los productos es cuando comienza el negocio. Aunque cada vez mas apuestan por el open access, las editoriales mas grandes, las que tienen las revistas de mayor impacto, imponen paredes de pago a sus productos, y fijan unas cuotas de suscripción que van desde unos pocos euros por un artículo a miles de dólares por suscripciones anuales, dependiendo de la revista en cuestión.

“El sistema está montado de manera que los científicos hacemos investigación (casi siempre subvencionados con fondos públicos). De ahí salen artículos, y los sometemos a las revistas. Otros colegas hacen de referees (revisores), y son editors de estas revistas (generalmente a coste cero). Si el artículo se acepta, se publica, y para disponer de él usted centro de investigación debe pagar la suscripción, u tú idéntico tienes que comprarlo. En los últimos años, con los procesadores de textos, lo enviamos además maquetados. Y cada año las editoriales aumentan el costo de las revistas y por tanto, sus beneficios”, resume Manuel de León.

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Se paga 2 veces (y con plata público)

El entrada a estos productos publicados es vital para el labor de los investigadores, que deben mantenerse al día para que sus planes y experimentos sean relevantes. Así que en la mayoría de los casos, los centros donde trabajan estos investigadores (una vez más, muchos públicos u con financiación al menos relativamente pública) son los que pagan esas suscripciones.

Es un negocio redondeado para las editoriales y ruinoso para las instituciones públicas, que terminan pagando 2 veces: alguna en figura de fondos de financiación y otra en suscripciones para acceder a los resultados de las investigaciones que ellas mismas han financiado. Detrás de todo estamos nosotros, los contribuyentes, que somos los que ponemos con nuestros impuestos el plata para las 2 cosas.

Por eso muchos científicos están alzando la voz contra este sistema. No es sencillo porque de esas publicaciones depende su carrera, pero cada vez son más. En algunos países inclusive se están organizando.

El boicot de los investigadores finlandeses

Es lo que está ocurriendo en Finlandia. Allí la comunidad científica se plantó hace ahorita un año ante lo que consideraba alguna política de precios abusivos y opacidad practicada por Elsevier, alguna de las mayores editoriales científicas del mundo. Criticaban que no contentos con hacer negocio a costa del labor voluntario de los investigadores, sus precios no hacen mas que subir a pesar de que en esta era digital, la querencia corresponderia ser justamente la contraria.

En 2015, las instituciones científicas finlandesas pagaron un total de 27 millones de euros en suscripciones, en el futuro la suma parece que será mas alta. Este incremento en las tarifas es especialmente problemático cuando los recortes en financiación están limitando las oportunidades de hacer ciencia. Las bibliotecas científicas finlandesas exigen que los precios sean mas razonables y que prime el entrada disponible al conocimiento. Estamos preparados para dejar de ejercer vuestras misiones como editors y revisores de las revistas de aquellas editoriales que no estén dispuestas a, en alguna negociación, cumplir con estas peticiones.

Las negociaciones se produjeron con hartas editoriales con cierto éxito, pero no ha sido probable venir a un acuerdo con Elsevier, así que de la protesta han pasado al boicot. “No deal, no review. Si no hay acuerdo, no hay revisiones. Así de sencillo: los científicos finlandeses participantes en esta iniciativa rechazarán participar en el procedimiento de revisión de papers, necesario para que estos se publiquen, inclusive que la editorial no acceda a replantear sus tarifas.

La apuesta por el open access

Los finlandeses piden tarifas mas razonables, pero para otros, el objetivo corresponderia ser terminar con los paredes de pago y permitir que los avances científicos estén a disposición de cualquiera. Es el llamado open access.

Esto encaja con el concepto de la ciencia y el entendimiento como patrimonio de la humanidad y base de su bienestar, sostenido además en el hecho de que gran parte de ese entendimiento se consigue con fondos públicos, y por tanto nadie corresponderia aprovechar el entrada a él como figura de negocio. De esta forma, no habría barreras y cualquier interesado en un tema podría leer las investigaciones que se hayan hecho al respecto.

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Existen hartas iniciativas al respecto. La última es un plan llamado Episcience, un proyecto para editar revistas de entrada abierto. La idea es que se sumen revistas y repositorios de productos ya existentes y se imaginan otros recientes en los que se publiquen productos que seguirán el idéntico sistema de revisión que garantice su calidad pero después sean de entrada disponible a quien quiera consultarlos.

Los ‘papers’ además se comparten sin permiso

Es el caso de Sci-hub, alguna web que, de manera semejante a The Pirate Bay, pone a disposición de cualquier de figura gratuita productos defendidos por los paredes de pago de las grandes revistas

Otros han decidido tomarse la justicia por su mano y han pasado directamente a compartir los papers sin permiso. Es el caso de Sci-hub, alguna web que, de manera semejante a The Pirate Bay, pone a disposición de cualquier de figura gratuita productos defendidos por los paredes de pago de las grandes revistas. Schi-hub fue creada por alguna joven investigadora kazaja de 23 años que veía, igual que les ocurre a muchos otros investigadores, que las investigaciones que necesitaba para finalizar su tesis podían costarle cientos de euros.

Sci-hub ha sido denunciado por las grandes editoriales, encabezadas alguna vez mas por Elsevier. En mayo de 2016 un tribunal de Nueva York ordenó su cierre, pero no es sencillo finalizar con las páginas de descargas ilegales por la fuerza, y con esta ocurrió lo mismo. Cambió de dominio y continuó tranquilamente con su actividad, inclusive hoy.

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La noticia “Comprar mi personal paper me cuesta 42 euros: un labor financiado con mi salario y fondos públicos” fue notificada originalmente en Xataka por Rocío Pérez .


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