La realidad virtual busca una segunda oportunidad, pero esta vez lo hace sin cables

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La realidad virtual búsqueda alguna segunda oportunidad, pero esta vez lo hace sin cables

Algo le pasa a la realidad virtual que no agota de cuajar. Las Oculus Rift u las HTC Vive ofrecen alguna experiencia de calidad que se ve lastrada por el engorro de ponerlo todo en viaje u el precio. En el otro lado del espectro, desarrollos que dependen del teléfono nos liberan de los cables, pero a costa de experiencias cualitativamente inferiores.

Tanto para alguna como para otra los sacrificios que hay que realizar son importantes, pero el lanzamiento ayer de las Oculus Quest consolida alguna nueva querencia en un mercado que quizás haya encontrado por fin el formato perfecto: el equilibrio entre prestaciones, calidad de la experiencia y costo parece mas oportuno que nunca, y eso plantea alguna segunda oportunidad para alguna realidad virtual que necesita algo como esto para despertar de su aparente letargo.

Ni realidad virtual en el PC…

Personalmente he probado ya hartas gafas de realidad virtual, pero no fue inclusive hace poco que acabé comprando alguna de estas soluciones para disfrutar de los games y experiencias que brinda este segmento.

Vive1

En mi caso la solución elegida fueron unas gafas de realidad mixta de HP, alguna opción que concede acceder a buena parte del catálogo de contenidos libre para las HTC™ Vive y las Oculus Rift y que no desmerece demasiado en cuanto a la calidad que ofrecen las soluciones de Oculus u HTC.

El problema tanto de esas 2 soluciones como las pertenecientes a esa “realidad mixta” de Microsoft™ imponen sacrificios importantes. En primer lugar por su precio: no ya solo de las gafas, sino del PC que necesitas tener para que todo funcione como es debido.

En segundo, claro, el de la comodidad: los cables lastran la experiencia, porque nos “atan” al PC y limitan nuestros movimientos de figura notable. No solo complican el montaje y puesta en viaje de todo el sistema: esos cables además condicionan el personal boceto de unas gafas que sin ser incómodas sí acaban siendo molestras tras un periodo parcialmente largo de uso.

Eso hace que gozar de la realidad virtual resulte ciertamente costoso y engorroso: esos 2 estorbos son ya suficientes para echar atrás a muchos usuarios, inclusive cuando ciertamente hay experiencias y games que merecen la pena ser probados en este ámbito.

… ni en el móvil

Afortunadamente poseemos otras opciones, claro. Google™ nos acercó a todos la realidad virtual de cartón con sus geniales Google™ Cardboard, y poco después aparecerían alternativas mas ambiciosas como las Gear VR de Samsung u el plan Daydream con el que Google™ quiso que nuestros celulares se convirtieran en vehículos de esas experiencias.

Daydream1

La idea era estupenda: la realidad virtual era mucho mas accesible, mucho mas barata, y sin cables. Sin embargo el uso de este tipo de soluciones tampoco ha acabado de cuajar, y la oferta de contenidos utilizables en Google™ Play, por ejemplo, es amplia pero no especialmente brillante.

Así pues, nos localizamos con otra gama de soluciones en los que la experiencia no compensa: la calidad de esas experiencias es pobre. El formato además obliga a compromisos porque no todas las gafas son compatibles con todos los terminales, y por ejmplo Google™ DayDream propone soporte para un número muy limitado de smartphones, lo que complica todavía mas el éxito de la iniciativa de Google.

Aprovechando lo mejor de ambos mundos

Los sacrificios que sufrimos con ambos tipos de solución plantearon para algunos un problema con alguna solución obvia: un tercer formato que heredara las virtudes de ambas alternativas sin heredar sus compromisos.

Quest1

Es así como nacieron aparatos como las Oculus Go, que daban entrada a experiencias de realidad virtual con alguna calidad decente y en un formato inclusive mas cómodo y “redondo” que el que ofrecían las gafas para smartphones.

Este tipo de gafas de realidad virtual “autónomas” no requieren nada para funcionar. En ellas localizamos todo lo necesario para comenzar a gozar de esos contenidos de realidad virtual desde el primer momento, y siquiera ese primer intento por parte de Oculus se quedó algo corto en prestaciones, sí planteó un futuro esperanzador para la realidad virtual.

Ese futuro ahorita se ve mas fortalicido con Oculus Quest, alguna iteración mucho mas ambiciosa de las Oculus Go que es el resultado de aquel Project Santa Cruz que nació hace 2 años para librarnos del PC y del smartphone en esas experiencias de realidad virtual.

El lanzamiento de estas nuevas gafas supone la confirmación de alguna idea que desde después cobra cada vez mas sentido. Contamos con una experiencia mucho mas cercana a las Oculus Rift, y por primera vez podremos gozar además de esos mandos de control que parecían reservados a las Rift y que ahorita además completan la experiencia en las Quest.

Es posible que la calidad de las experiencias baje un peldaño, claro: el Snapdragon™ 835 que fuerza estas gafas no puede acercarse a la fuerza de las gráficas dedicadas necesarias para “alimentar” a las Rift u las Vive, pero en Oculus comprometen un catálogo que proporcionara adaptar títulos de las Rift y que por tanto corresponderia acercar mucho mas al cliente a esa experiencia de gama alta que propone este producto.

Y todo, insistimos, con las ventajas de alguna opción que nos libera de los cables, que tiene un costo aparentemente coherente (399 dólares) y que además parece mas cómodo, confortable y directo de usar que las tradicionales gafas de realidad virtual para smartphones.

Un futuro de gafas de realidad virtual ultradelgadas

En Oculus parecen tener claro el camino. Tanto es así que la última parte de la presentación estuvo reservada para Michael Abrash, Chief Scientist de Oculus, que predijo un futuro para la realidad virtual en la que las gafas serían ultradelgadas y ultraligeras.

Abrash

Hay diversos avances tecnologico que hacen factible ese futuro, y eso plantea un horizonte en el que ciertamente podremos decir adiós a los imperfectos diseños actuales.

Aun con todas sus buenas intenciones, casi todos ellos obtienen que tras quitarnos las gafas estemos habitualmente algo sudorosos y con la cabeza embotada. No es de extrañar, porque a menudo nos ajustamos inclusive mucho fuerte esas gafas para tratar de que la inmersión en esa experiencia virtual sea óptima.

Sea como fuere, el futuro en este ámbito es prometedor. La realidad virtual está tardando en convencernos y conquistarnos, pero puede que esta nueva querencia tenga éxito allí donde las demás no lo han tenido.

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