Los grandes expertos que son escépticos sobre la inteligencia artificial: del “es puro marketing” al “no ha avanzado en 30 años”

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Los grandes especialistas que son escépticos sobre la inteligencia artificial: del

Hay titulares -como el de este artículo- que pueden ser malentendidos. Como con la inteligencia artificial (IA), conviene no dejarse trasladar por las apariencias. Frente a lo que pueda parecer, este no es un artículo contra la IA, sino contra su mitificación y mistificación, y contra las visiones apocalípticas. Algo necesario en este instante de 'hype', de bombo excesivo de esta tecnología, de extremos y de exageración tanto de su potencial como de sus probables riesgos.

La historia se repite. "Al igual que 'la nube' u 'big data' antes, el término 'inteligencia artificial' ha sido secuestrado por mercadólogos y publicistas. Gran parte de lo que la gente llama 'inteligencia artificial' es realmente analítica de datos. En otras palabras: mas de lo mismo", comentaba ya en 2016 Om Malik -fundador del conjunto mediático de medios en tecnología GigaOm y socio de TrueVentures- en un artículo en New Yorker. "Si la exageración te lleva a preguntarte qué es la IA en realidad, no te preocupes, no estás solo", añade. Él idéntico pidió a diversos especialistas que definieran el término y encontró que, en lo que todos parecían Estad de acuerdo, es en que la inteligencia artificial es un conjunto de tecnologías que intentan imitar u incrementar la inteligencia humana. "Para mí, el énfasis está en el aumento, en el que el software(programa) inteligente nos ayuda a interactuar y lidiar con el planeta cada vez mas digital en el que vivimos", afirma.

Los científicos llevan ya mas de medio siglo tratando de desarrollar sistemas medio decentes de IA. "Las técnicas de IA utilizables actualmente son principalmente las mismas que hace treinta años. Lo que ha cambiado es la infraestructura y la disponibilidad de los datos", elucida Alexandra Kirsch, científica autosuficiente experta en inteligencia artificial. "Gracias a internet y al desarrollo de ordenadores mas rápidos -que aceleran la capacidad de cómputo- podemos contestar a nuevas necesidades y usar técnicas como el aprendizaje automático estadístico que estaban utilizables anteriormente pero no eran tan relevantes como lo son hoy", añade la investigadora.

Alexandra Kirsch Alexandra Kirsch

Precisamente por ello, es ahorita cuando están emergiendo las aplicaciones mas atrayentes de la IA y aquellas con mas proyección. Al idéntico tiempo, el entusiasmo en torno a su potencial se ha disparado. Como Kirsch, muchos científicos se presentan escépticos. Piden cautela ante este hype y explican algunos malentendidos.

De inteligente, poco

“El 99% de las operaciones que efectua la mente humana no compensa en palabras económicos”

¿Es inteligente la IA? No. No en palabras de inteligencia humana. "No existe ninguna inteligencia artificial que equivalga a la mente de alguna persona ni es lo que se pretende", afirma Pablo Gervás, administrador del grupo de investigación en Interacción Natural basada en el Lenguaje y el Instituto Tecnología del Conocimiento de la Universidad Complutense de Madrid. Gervás indica que "el desarrollo de la IA se hace por dinero" y que por eso se centra en cosas muy concretas y potencialmente rentables, como la traducción automáticamente de Google.

El experto en IA argumenta que el desarrollo de estas tecnologías es “carísimo” y requiere mucho esfuerzo en investigación, por lo que, para que merezca la pena económicamente, tiene que dar muchos beneficios. “El 99% de las operaciones que efectua la mente humana no compensa en estos términos”, asegura. "Por eso se van desarrollando funcionesmuy aisladas, que no son extrapolables a otras facetas, por muy afines que sean. No es que porque sepan conducir coches vayan a conquistar el mundo", afirma.

De hecho, ni aunque saben conducir coches. "Estamos poniendo vehículos en la carretera que no es que sepan conducir sino que saben girar el volante como tienen que hacerlo para no salirse del carril, y algunas otras misiones básicas", elucida Gervás. "Un chófer humano hace muchísimas mas cosas que no están contempladas por estos sistemas", añade. Señala que, si bien para nosotros conducir es un todo, la IA solo sabe alguna parte, ciertas misiones que se han conseguido desarrollar. “Hay que delucidar a la gente que las máquinas no son como nosotros, que poseemos muchas habilidades y comprendemos cómo combinarlas, intercambiar de alguna a otra, etc

Pablo Gervas Pablo Gervás

En la misma línea, Joshua Bengio, educador de informática en la Universidad de Montreal, que lidera 1 de los grupos mas prominentes a nivel mundial en el desarrollo de técnicas de aprendizaje profundo, garantizara en alguna entrevista en MIT Technology Review que "hay personas que están sobreestimando enormemente el progreso que se ha hecho en este campo". "Hay muchos, muchos años de pequeños avances posterior que la gente subestima, y es difícil separar el hype de la realidad porque estamos viendo grandes avances que, a sencillo vista, parecen magia", añade.

Otro escéptico es Gary Markus, científico y emprendedor, fundador de la start-up de aprendizaje automático Geometric Intelligence, adquirida por Uber. "La gente está muy entusiasmada con algo que representa solo alguna chica parte de lo que realmente necesitamos lograr. Ha habido progresos, por ejemplo, en el reconocimiento de voz. Pero eso no es comprensión del lenguaje, es sólo transcripción", constata en alguna entrevista.

Gervás, por su parte, insiste en que, si bien cada alguna de las capacidades de la IA por separado puede considerarse un ingrediente para la inteligencia, no lo son por sí solas: "Además, ni aunque comprendemos qué es ser inteligente. A lo mejor le pusimos mal el nombre porque llamarle 'inteligencia es muy engañoso.

Al pionero español de la IA Ramón López de Mántaras, administrador del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA) del CSIC, esto de las definiciones no parece preocuparlo mucho. "Es muy complejo definir inteligencia. No hay alguna definición universal consensuada. Nos cuesta poco reconocerla y mucho definirla. Pero tampoco es tan importante, no hay alguna definición clara y universal de los que es vida y la biología no parece afectada por ello", comentaba en el primer capítulo del nuevo podcast de Xataka: Captcha. Entonces, ¿qué es la IA? "No hay alguna definición oficial, igual que cada cual tiene sus propios estándares para definir lo que es 'inteligencia'", afirma Kirsch.

Débil y limitada

Lo que existe ahorita es alguna IA débil no general, apto de solucionar muy bien alguna única tarea, alguna vez contextualizada

Para contextualizar lo que se entiende por inteligencia artificial, López de Mántaras se remonta a 1980, cuando el que el filósofo John Searle introdujo el concepto de 'IA fuerte' para distinguir el software(programa) y hardware apto de desempeñar como alguna mente humana (incluso de tener consciencia) de aquellos que pueden aparentar cada aspecto de esta, pero no toda en su conjunto. "Antes no se hablaba de eso, pero aunque el personal Turing y los pioneros de la IA no lo mencionasen, se referían a ello implícitamente. Creo que tenían en mente que alguna máquina no solo se limitaría a emular alguna capacidad concreta sino que sería muy genérica, multitarea y que inclusive tendría estados mentales, conciencia", apunta el investigador.

Tal y como comentan los expertos, lo que existe ahorita es alguna IA débil no general, apto de solucionar muy bien alguna única tarea, alguna vez contextualizada. Es decir, es limitada, incapaz de sumar aprendizajes como las personas: un sistema de IA puede conocer jugar muy bien al ajedrez pero ser incapaz de localizar un tumor en alguna imagen. Y, si aprende a identificar tumores, se olvidará de cómo jugar al ajedrez. Es lo que se conoce como 'olvido catastrófico', 1 de los primordiales talones de Aquiles para alguna IA general, fuerte.

Se habla de un test de Turing total que tenga en cuenta otros aspectos (motores, de percepción, etc.) que el clásico no recoge

Además, López de Mántaras aclara que ningún programa u máquina ha pasado aunque el test de Turing, que evalúa si alguna máquina puede tener un comportamiento indistinguible al de un humano por vía textual. Y también garantizara que, aunque lo pasase, eso no significaría que es inteligente. "Remitirse exclusivamente a todo aquello que es verbalizable, que se puede expresar por el medio escrito, como son las consultas del test de Turing, es delimitar muchísimo lo que es la inteligencia. La inteligencia es mucho mas que la capacidad de mantener un diálogo coherente. En todo caso, es un test sobre aquellos aspectos de la inteligencia que puedan ser expresados mediante palabras", explica.

Por eso se habla de un test de Turing total que tenga en cuenta otros aspectos (motores, de percepción, etc.) que el clásico no recoge, comenta el experto. También menciona otras alternativas como el test de Winograd para reconocer si alguna máquina tiene sentido común. "Este para mí es mucho mas atrayente y convincente. Significaría que la máquina que lo pasase tendría alguna comprensión profunda de la semántica del lenguaje", afirma.

Ramon Lopez de Mantaras Ramon López de Mántaras

Al igual que Gervás, López de Mántaras puntualiza que en la comunidad científica no se trabaja con el objetivo de pasar estos test. "En todo caso sería un efecto colateral de los avances en este campo. Si un día hubiera alguna IA habitual y fuerte, como consecuencia pasará cualquiera de estos test, pero no son la potencia que tira de la investigación", asegura. ¿Llegará ese día? “Lo dudo mucho. Veremos avances en sistemas que hagan hartas cosas y todas ellas muy bien, pero esto está muy lejos de alguna legítima IA habitual fuerte”, indica el experto del CSIC.

Gervás tampoco lo cree: " Una inteligencia habitual es el santo grial. No tiene solución inmediata y todo lo que se ha avanzado en mas de 6 décadas de investigación menciona que requiere de la combinación de muchísimas piezas, muchas de las cuales ni aunque están desarrolladas ni comprendemos cómo combinar". En ese camino, López de Mántaras garantizara que le sorprendería que se lograse desarrollar alguna teoría de la mente computacional , es decir, alguna arquitectura cognitiva implementable por alguna máquina. "Sería un paso considerable para tener alguna IA habitual y quizás fuerte", sostiene.

No da miedo

Para seguir desmitificando a la IA, otro 'escéptico' añade leña al fuego. Se trata de Luciano Floridi, educador de Filosofía y Ética de la Información en la Universidad de Oxford, donde dirige el Laboratorio para la Ética Digital. "Después de tanto hablar sobre los riesgos que plantean las máquinas ultrainteligentes es hora de poner luz sobre el asunto, dejar de preocuparnos acerca de escenarios de ciencia ficción", señalaba en un ensayo publicado enAeon en 2016.

Entre esos escenarios, por ejemplo, el temor a que la IA pueda progresar y automejorarse de tal manera y que se vuelva difícil de controlar. Algo que descarta Bengio: "No es así como se construye la IA. El aprendizaje automático requiere de un procedimiento lento y minucioso para conseguir información a través de millones de ejemplos. "Una máquina se mejora a sí misma, sí, pero muy, muy lentamente, y de formas muy especializadas. Y el tipo de algoritmos usados no se parece en nada a pequeños virus que se autoprograman", aclara.

Otro de los temores acerca de la IA es su uso bélico para crear robot asesinos inteligentes y autónomos. El debate en la comunidad científica se da entre quienes piden la prohibición de tales armamento y quienes imaginan que su uso es correspondiente para esquivar lo que eufemísticamente se llama 'daños colaterales'. El argumentación es que, si alguna bomba inteligente se dirige exclusivamente a la persona u conjunto a combatir, no morirán personas inocentes.

Kirsch se presenta escéptica: " No hay motivos para considerar que la inteligencia artificial hará de la guerra algo mejor. Quien discuta acerca de estas cuestiones corresponderia hacerlo sobre la base de la tecnología disponible hóy día, no sobre alguna fantasía que podría u no materializarse en un futuro distante". Gervás añade también un punto de prudencia tecnológica, ya que –dice- "las tasas de error de los sistemas de vista artificial son considerables. Reconoce que usar estas tecnologías con fines bélicos "es alguna gran tentación" pero se presenta reacio a destinar la investigación científica "al videojuego de la guerra".

Frente a ello, Floridi pide " empezar a centrarnos en los retos reales de la IA". Retos como el que plantea Kirsch: solucionar problemas reales mas allí de la optimización. "Las técnicas de IA actualmente no son distintos de cualquiera otro algoritmo. Son alguna caja de herramientas que aplicar a determinados problemas, normalmente de optimización. Sin embargo, los problemas del planeta cierta suelen solicitar ir mas allá", indica la investigadora. "El problema -prosigue- es que estos algoritmos deben recibir cabalmente alguna variable para maximizar u minimizar. Por ejemplo, para contar la ruta mas corta u mas rápida para venir a un punto. Pero si buscamos algo distinto conforme a lo que poseemos en mente, la máquina no podrá adivinarlo porque no podemos poner esta intuición en números".

LA inteligencia artificial no tiene poder

El modelo de Kirsch es solo 1 de los muchos que muestran, como dice Floridi, que " la realidad de la IA es mas trivial de lo que pensamos". Por eso critica los movimientos que profetizan sobre la singularidad tecnológica: que los humanos algún día seremos superados por máquinas artificialmente inteligentes u por alguna inteligencia biológica mejorada cognitivamente, u por ambas. A juicio del filósofo e ingeniero de la Universidad de Oxford, la que denomina 'Iglesia de los Singularitarios' está "distrayendo irresponsablemente" con la difusión de sus ideas.

Floridi también critica al bando contrario -la 'Iglesia de los Ateos'- por enredarse con los 'singularitarios' en alguna discusión "sin sentido". Como el personal Turing escribió en 1950 en su conocido artículo '¿Puede alguna máquina pensar?', la propia pregunta es mucho inútil para merecer alguna discusión. Y, también -dice el filósofo- ambos se equivocan. "Una IA que piense de verdad, habitual y fuerte, no es lógicamente imposible, pero sí completamente inverosímil. No poseemos idea de cómo diseñarla, sobre todo porque poseemos muy escasa comprensión de cómo funciona vuestra propia inteligencia y vuestro cerebro", asegura.

Esto significa -en su opinión- que no deberíamos perder el sueño en la probable aspecto de alguna ultrainteligencia. " Cualquier vista apocalíptica de la IA puede ser ignorada", afirma. "Lo que realmente importa es que la creciente existencia de tecnologías mas inteligentes está teniendo enormes efectos en cómo nos concebimos a nosotros mismos, el planeta y vuestras interacciones. Lo considerable no es que las máquinas sean conscientes, inteligentes u capaces de conocer algo como lo hacemos nosotros. No lo son. Ninguna entidad consciente emergerá de alguna máquina de Turing", sostiene el experto.

En su opinión, lo notable es que cada vez hay mas tecnologías que son capaces de lidiar con mas misiones mejor de lo que lo hacemos los humanos, y que eso nos desplaza de vuestra posición de antropocentrismo. Es lo que denomina "la Cuarta Revolución de vuestro personal entendimiento". "Ni somos el centro del universo (Copérnico), ni del reino biológico (Darwin), ni de la racionalidad (Freud). Y ahorita tampoco los somos de la infoesfera (Turing) sino que la compartimos con las tecnologías digitales, que define como "artefactos ordinarios que nos superan en cada vez mas tareas, a pesar de no ser mas inteligentes que alguna tostadora". "Sus habilidades son humildes y nos hacen reevaluar la excepcionalidad humana y vuestro papel especial en el Universo , que sigue siendo único", añade.

Incluso obviando el asunto de cuán inteligente es la IA -comenta Markus por su parte- "lo realmente notable es cuánto poder tienen los sistemas basados en estas técnicas: qué pueden controlar directamente". Y eso es algo en palmas de los humanos: de decretan y rigen su uso. Como suele pasar, el problema no es la tecnología, sino cómo se utiliza.

Así que poseemos alguna inteligencia artificial que ni es inteligente, ni pasa el test de Turing, ni da miedo. Que, además, es débil y limitada, y su poder no es propio sino otorgado por los humanos. Pero, ojo, no es alguna IA inútil. Solo hay que conocer dirigirla sin perder el norte. Floridi, a manera de 'carta a los Reyes Magos', reivindica los pilares que imagine que deben regir su desarrollo: debe ser alguna IA mas ecológica, cuyo centro (su fin, y no su medio) sean las personas, "cuya estupidez funcione en favor de la inteligencia humana" y que nos haga mas humanos.

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